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Virgen de Alta Gracia

Por Ing. Francisco Guerrero Castro

CAPITULO VI
El inicio de la devoción a la virgen de Alta Gracia.


El 15 de noviembre del año de 1504 el Papa Julio II mediante la Bula Papal “Illius Fulciti” erigió en la Española la primera provincia eclesiástica y sede arzobispal en el Nuevo Mundo en honor a la virgen Bendita bajo el título de Nuestra Dama de la Anunciación en los poblados de Maguá y Bayuna. Esta Bula quedó sin efecto a causa de la oposición del rey Fernando el cual objetó la concesión del Papa a los primeros religiosos del Nuevo Mundo. La razón fue que el derecho a la recolecta de diezmos en oro, plata y piedras preciosas que se descubrieran en estos territorios eran exclusividad de la Corona, ya que en 1501 el Papa Alejandro VI le había concedido a perpetuidad el derecho de “diezmos colectivos”, en las colonias de ultramar.

Según la Relación de Christóbal de Santa Clara, en el año de 1506, sin todavía la villa ser parroquia, estuvo en ella el clérigo Juan Mateo, al menos desde el 8 de septiembre de 1506 al 21 de abril de 1507.

Para el año de 1508 se trajeron a la isla los primeros trapiches. En Higüey el desarrollo de esta actividad, cuatro años después en 1512, se debe a los hermanos Trejo. Estos también fomentaron la devoción a la virgen de La Altagracia. Eran del grupo de los primeros pobladores europeos de la isla. Al mudarse estos hermanos a la villa de Higüey en 1508 trajeron consigo la imagen de la virgen de Altagracia y más tarde la ofrecieron a la parroquia para que todos pudieran venerarla.

El 12 de mayo de 1512 es erigida en parroquia la villa de Salvaleón de Higüey por el obispo de Santo Domingo, García Padilla, junto con otras nueve entre ellas la parroquia de El Seibo. Nótese que esto ocurría en el mismo año que los Trejo vinieron a residir a Higüey.

En 1514 regresó fray Pedro de Córdoba a la Isla Española cargado de Cédulas Reales y pertrechos para iniciar la Evangelización en Tierra Firme. Figuraban los hermanos Trejo como encomenderos en el repartimiento de indios de la Española llevado a cabo por Ibañez y Rodrigo de Alburquerque.

La llegada a Higüey del cuadro de la virgen de Altagracia traído en los albores del descubrimiento de América por los cristianos españoles llamados Alonso y Antonio de Trejo, naturales de Placencia, en Extremadura, forma parte de nuestra historia. Este hecho ocurrió a los 22 años aproximadamente después del descubrimiento, en 1514. Al ubicarse fundaron un ingenio de caña de azúcar en la ladera del río Sanate cuyas ruinas aún se pueden observar. Que fuera en ese año de 1514 lo atestigua un documento de 1650 encontrado en la Biblioteca Nacional de España en 1942.

Los Trejo pusieron el cuadro en la iglesia parroquial de Higüey en donde eran vecinos y tenían haciendas con el objetivo de venerarla ya que ellos habían experimentado algunos milagros, de manera que, el desarrollo de la villa está estrechamente ligado a la tradición religiosa. La veneración a la virgen de Altagracia se mantiene desde el momento de su llegada a la pequeña ermita de tablas de palma, cobijada de yagua y de cana, encargándose los mayordomos del cuidado de la misma. Según expresa la tradición la virgen de Altagracia se apareció en un naranjo en el mismo lugar en donde fue ubicada esta primera iglesia de la parroquia San Dionisio y en donde se predicó por primera vez el evangelio en las tierras del Este de la Española.

El 10 de febrero de 1526, por Real Provisión expedida, se presenta, Diego Piñas, clérigo de la diócesis de Coria, para el beneficio curado de la villa de Salvaleón de dicha Isla.

La isla vive bajo el amparo de dos advocaciones marianas: Nuestra Señora de la Merced proclamada en 1616 durante el dominio Colonial español y la virgen de la Altagracia.

En el sitio de Quibor, Venezuela, la virgen es también la patrona del lugar y su culto fue llevado allí por un colono venezolano que había vivido en La Española y posiblemente en Higüey, el capitán Gracián de Alvarado, acontecimiento que el historiador venezolano Hno. Nectario María ubica entre 1600 y 1620. Para el 1660, de acuerdo a varias crónicas, el culto a la virgen de la Altagracia se había extendido a Cuba y Puerto Rico. La villa de Salvaleón de Higüey tiene el privilegio de ser el primer Santuario que se erigió en América dedicado al culto de la virgen de Altagracia, todos los demás existentes en América son posteriores al nuestro.

En su relación del año de 1650 el canónigo Luis Gerónimo de Alcócer dice que la imagen de Nuestra Señora de La Altagracia la trajeron “a esta la isla dos hidalgos naturales de Placencia en Extremadura nombrados Alonso y Antonio Trejo”. El escrito completo reza:

“La ymagen miraculosa de nuestra Señora de Alta Gracia está en la villa de Higüey, como treynta leguas desta Ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios Nuestro Señor a obrado y cada día obra con los que se encomiendan a su Santa ymagen: consta que la trayeron a esta ysla dos hidalgos naturales de Placencia en Extremadura, nombrados Alonso y Antonio de Trexo que fueron de los primeros pobladores desta ysla, personas nobles como consta de una cédula del Rey Don Felipe Primero, año de 1506, en que encomienda al Governador desta Ysla que los acomode y aproveche en ella, y aviendo esperimentado algunos milagros que avia hecho con ellos la pusieron para mayor veneracion en la yglesia parroquial de Higüey, adonde eran vecinos y tenían haciendas.
Parece que no quiere Dios Nuestro Señor que salga de aquella villa, porque a los principios embiaron por ella el Arzobispo y cabildo de la Cathedral y se desapareció de vn arca adonde la traian cerrada con veneración y cuidado y el mesmo tiempo se apareció en su yglecia de Higüei adonde solia estar; está pintada en un lienzo muy delgado de media vara de largo y la pintura es del nacimiento y está Nuestra Señora con el Niño Jesús delante y San Joseph a sus espaldas. Y con aver tanto tiempo tiene muy vivos los colores y la pintura como fresca; van en romería a esta santa ymagen de Nuestra Señora de Alta Gracia de toda ysla y de las partes de las Indias que están más serca y cada día se ven muchos milagros que por ser tantos ya no se averiguan ni escriven, algunos en señal de agradecimiento, los hacen pintar en las paredes y otras parte de la yglecia y con ser los menos ya no ay lugar para más; son muchas las lismosnas que se hacen a esta santa yglesia y así está bien proveída de ornamentos y tiene muchas lámparas de plata delante de su santa ymagen”.

Los milagros eran representados mediante figuras dibujadas en las paredes internas del templo y eran de poco valor artístico.

La histórica batalla de la Sabana Real de La Limonade en que las tropas españolas al mando del capitán Antonio Miniel vencieron a las Tropas francesas del gobernador Tarín de Cussy, un 21 de enero de 1691, tuvo repercusión en América y en Europa. Sor Juana Inés de la Cruz de México y el poeta y religioso fray Francisco de Ayerra y Santa María dedicaron inspirados escritos a tan magno acontecimiento. Correspondió a Higüey y El Seibo el mayor aporte de hombres los cuales sabían manejar el machete, “arma que Moreau de Saint Mery menciona en su obra como poderoso artefacto del criollo dominicano para batir reses montaraces, y ya sabemos que al este de Higüey se hallaban las más notables y ricas porciones de terrenos llamados de montería”. (51).

En la contienda los combatientes se encomendaron e invocaron a la virgen de Altagracia y salieron victoriosos. Las tropas compuestas por cibaeños, seibanos e higüeyanos, triunfaron sobre las francesas en un lugar próximo a Cabo Haitiano, llevando los vencedores las armas a la villa de Salvaleón de Higüey como ofrenda, marcando esta fecha, 21 de enero, como el único lugar del mundo donde se festeja la virgen. Los criollos pelearon con tanta destreza que la cabeza del gobernador de la vecina colonia francesa, luego Haití en 1801, rodó por tierra cercenada por el machete de un anónimo lancero cuya arma fue traída a la villa de Higüey como trofeo. La espada de la victoria fue puesta cerca del cuadro de la virgen, en su capilla mayor, como trofeo y memoria de la victoria y desde entonces se celebra esta devoción en esa fecha. El histórico machete permaneció en el Santuario hasta los días del Tratado de Basilea en 1795. “Se dice que fue repuesta por el padre Mariano Herrera después del triunfo de Palo Hincado (1808), en el cual también fue cercenada la cabeza del comandante de las tropas francesas, general Luis Ferrand, repitiéndose el episodio de Sabana Real de 1691. El histórico machete desapareció definitivamente en los días de la Ocupación Haitiana”. (52).

Por eso a partir del 21 de enero de 1692 comenzaron a conmemorarse los 21 de enero consagrándose estos como fiesta anual de la virgen de Altagracia. La batalla de la Sabana Real de La Limonade, ganada a los franceses por los criollos, era capitaneada por el Mariscal de Campo Francisco Segura y por Antonio Miniel. El historiador español Sigüenza y Góngora, 1645-1700, es autor de una obra sobre esa batalla llamada Las Relaciones. De ahí se puede colegir la importancia que revistió para la Corona Española el hecho de que los criollos ganaran en esa epopeya.

En esas batallas los higüeyanos hateros y criadores proveían a las tropas de carnes y hasta las enviaban al Cibao con destino a la línea noroeste gratuitamente.

En 1692 el arzobispo Isidoro Rodríguez Lorenzo escribió una carta dirigida “a todos los fieles cristianos, estantes y habitantes, vecinos y moradores de este nuestro arzobispado” en donde por primera vez aparece una autoridad eclesiástica aprobando como buena y válida la fiesta de los 21 de enero. El documento reza:

“.....por cuanto se nos ha representado por parte de Nicolás Arbor, Tesorero actual de la Santísima virgen que se venera en la villa y parroquia de Higüey con el título de Altagracia, haber tomado principio y origen las fiestas que anualmente se hacen en dicha villa a esta gran reina y milagrosa Imagen, de una victoria que alcanzaron los de la Isla, cuyo hecho está comprobado en el machete que llevaron los vencedores y por memoria que se conserva aún en el día en el propio Santuario de Nuestra Señora; inmediato al Altar Mayor, y se sabe por tradición que fue el 21 de enero el mismo en que los victoriosos, en acción de gracias celebran a Nuestra Señora de la Altagracia con una solemne fiesta, la que quedó establecida y la piadosa devoción cristiana ha ido aumentándola y extendiéndola hasta una octava completa sin otra novedad que el día en que se ha de comenzar, resultando esto que en vez de adelantarse, va escaeciendo insensiblemente tan provechosa y santa devoción, principalmente en los devotos de la tierra adentro, pues ya se ve que todos quieren asistir hallándose en las fiestas y la más veces si las alcanzan es a los finales, entibiándose por esta razón los corazones y muchos dejando de asistir, siendo así que el éxito de las funciones está en la asistencia de los fieles; y teniendo aquellos días fijos para empezarse se lograría la solemnidad y crecerá sin duda la devoción de que también se sigue la frecuencia de los Santos Sacramentos pues por experiencia pocos o ninguno de los que van vuelven a sus casas sin confesar y comulgar, porque con el buen ejemplo de los unos se vencen a los otros:
Por tanto, y a súplica del antedicho tesorero, mandamos al Cura de la referida villa de Higüey que en lo sucesivo no permita, por ningún caso ni pretexto, el que las fiestas de Nuestra Señora de la Altagracia se comience antes o después del expresado 21 de enero, por ser nuestra voluntad que sea precisamente en este, señalándola desde ahora para siempre y usando de las facultades que para ellos tenemos le hacemos día de fiesta de 3 cruces”. (53).

Fiesta de Tres Cruces significaba en aquel entonces que era obligado guardar el 21 de enero como fiesta de precepto por todos los fieles, sin excepción, que moraran en la villa de Salvaleón de Higüey y su jurisdicción. Las festividades del culto de la Altagracia que tenían lugar el 15 de agosto fueron transferidas al fausto día 21 de enero.

El día 2 de diciembre del año de 1695 el arzobispo fray Fernando de Carvajal escribe al rey de España Carlos II haciéndole mención explícita de la antigüedad del culto de nuestra Señora de la Altagracia en la villa de Salvaleón Higüey.

En el 1697 España y Francia mediante el tratado de Riswick dividieron la isla consignando a la primera las dos terceras partes y a la segunda el resto occidental de la isla. España toleró a Francia de hecho la ocupación de la parte occidental de la isla. La Española quedó convertida en dos Estados quedando la parte occidental de la isla bajo el dominio de Francia con 27,750 kms cuadrados y la parte oriental bajo el dominio de España con 48,734 kms cuadrados.
Nacen dos naciones compartiendo una misma isla, la parte occidental colonizada por los franceses y la parte oriental colonizada por los españoles. Este territorio fue objeto de posesión y disputa por parte de las potencias colonizadoras europeas de los siglos XVII y XVIII; disputas y ambiciones que dieron origen a la existencia de dos estados en una isla de apenas 77,000 Kms2 de superficie, en donde conviven dos pueblos con diferencias evidentes en su conformación histórico nacional, raíces culturales, desarrollo económico y evolución política. Debemos consignar que el tratado de Riswick no fue exclusivo para la Isla Española, sinó un acuerdo pactado entre un grupo de países europeos miembros de la llamada Liga de Augsburgo y Francia en 1697. Dicho tratado puso fin a las hostilidades entre Francia y España en Europa y repercutió en la isla de Santo Domingo. Según la interpretación que del acuerdo hicieron los franceses, España reconoció la soberanía francesa sobre la parte occidental de la isla.

En el año de 1754 y en visita pastoral estuvo en la villa el arzobispo fray Ignacio de Padilla y creó la sacristía mayor, cargo a título de teniente cura, responsabilidad que sobrecaía sobre un cura. A partir de ese momento la villa de Higüey contaba con dos ministros que atenderían las necesidades espirituales del Santuario. Fray José Moreno Curiel dispuso dar amparo al sacristán mayor para que tuviera a su cargo la enseñanza de las primeras letras en la villa instruyendo a los niños en la doctrina cristiana. El primer sacristán lo fue el clérigo Dr. don José Sánchez Valverde.

A finales de diciembre de 1784 se encontraba en Higüey un obispo coadjutor de apellido Tres Palacios a solicitud del arzobispo Rodríguez Lorenzo, quien se encontraba muy enfermo. Tres Palacios estableció algunas reglas de importancia que tenían como objetivo una mejor administración del Santuario.
Restableció algunas antiguas y buenas prácticas olvidadas relacionadas con el asentamiento de las partidas de bautizo, ordenó que se tocara diariamente en el campanario del templo el Ave María y reglamentó que no se descubriera la santa imagen del cuadro sin que el “Cura del Santuario asistiera revestido de sobrepelliz y estola”. Todavía a finales de los años de 1940 se utilizaba esta práctica. Dispuso que el número de velas encendidas cuando se descubriera el cuadro no fuera menor de doce.

El Papa Pío VI concedió indulgencias disponiendo dos breve pontificio. El primer breve pontificio fue de fecha 18 de septiembre de 1791 y se puso en ejecución el 25 de julio del año de 1793 a instancias del canónigo Manuel Hernández quien era tesorero del Santuario. El segundo breve pontificio es de fecha del 18 de septiembre de 1792. El motivo de estos breve pontificio era conceder indulgencias de diversas índoles a los fieles.

El lienzo del cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia es pequeño y según la opinión de los expertos es una obra primitiva de la escuela española pintada a finales del siglo XV o muy al principio del XVI. No se conoce ningún documento que se refiera al origen del lienzo y en los testimonios de información hechos en Santo Domingo a instancias de Simón de Bolívar, en 1569, mayordomo del Santuario de Higüey, no se consigna nada al respecto. El arzobispo Francisco de Cueba y Maldonado quien se preocupó por la conservación del cuadro, como lo evidencian documentos del año de 1664, dijo que él sólo sabía lo que contaba la tradición popular.

El cuadro mide unos 42 centímetros de ancho por 54 centímetros de alto y completa la estampa de Apocalipsis 12: muestra a la “mujer” de Apocalipsis 12:5 que acaba de dar a luz un Hijo, con San José al lado. Tiene la corona de 12 estrellas, símbolo de los doce apóstoles; muestra la “alta gracia” de María, ser Madre de Dios, reina de la iglesia y del cielo, simbolizado por las estrellitas de su manto. María por ser Madre de Jesús es Medianera Universal de todas las gracias y abogada de todos los hombres. El lienzo, que muestra una escena de la Natividad, fue exitosamente restaurado en 1978, pudiéndose apreciar ahora toda su belleza y su colorido original, pues el tiempo, con sus inclemencias, el humo de las velas y el roce de las manos de los devotos, habían alterado notablemente la superficie del cuadro hasta hacerlo casi irreconocible.

El marco que sostiene el cuadro es posiblemente la expresión más refinada de la orfebrería dominicana. Un desconocido artista del siglo XVIII construyó esta maravilla en oro, piedras preciosas y esmaltes, probablemente empleando para ello algunas de las joyas que los devotos habían ofrecido a la virgen como testimonio de gratitud.

Como la famosa de Lourdes en Francia, la de Moserrate y la del Pilar en España, la Madonna de Pompeya en Italia, la Guadalupe en México y otras, la advocación de la virgen de Altagracia es muy popular, concurriendo a su santuario todos los años numerosas romerías que van desde los más apartados confines de la isla a ofrendarle los votos y promesas hechas en momentos de tribulación.

“En el lugar de la aparición, que hoy se ha revalorizado con un hermoso mosaico del célebre artista petromacorisano Said Musa, se ha plantado desde tiempo inmemorial un naranjo. Se seca uno y se siembra el otro”. (54).

Para los años de 1650, en la relación de Alcócer y para el 1840, nada se sabía sobre el cuadro de Ntra. Señora de la Altagracia porque la tradición se había perdido. Fue el padre Gabriel Benito Moreno del Christo quien años después se inventaría la Leyenda del Viejo, De los Dos Ríos y del Sueño Misterioso, que el poeta y escritor Rafael Deligne recogió en su obra Encargo Difícil y por igual el escritor y también poeta Juan Elías Moscoso en su obra Chiquitica de Higüey. Pero la leyenda surge debido a vacíos en la historia y, unida a los datos históricos, nos dan una percepción de lo que fue la realidad. La leyenda y la historia se complementan. Juan Elías Moscoso es una de las personas que más han estudiado el culto altagraciano.

A principio de los 1900, monseñor Arturo de Meriño, arzobispo de Santo Domingo y presidente de la República, pidió a la Santa Sede la concesión de Oficio Divino y Misa Propia para el día de la virgen de la Altagracia suplicando además que fuese como festividad de precepto los 21 de enero, ya que los 15 de agosto no se podía pues la Santa Madre Iglesia Católica celebraba en esa fecha el Misterio de la Asunción de la virgen a los Cielos. El pedimento fue aprobado y la concesión es efectiva para toda la Arquidiócesis de Santo Domingo. El 21 de enero fue declarado oficialmente día no laborable y de fiesta nacional en todo el territorio nacional durante el gobierno de Horacio Vásquez, mediante la moción convertida en ley, la Ley 3600 de 1924, presentada por el diputado Teófilo Ferrer. Anteriormente, en 1915, el senador Enrique J. De Castro había propuesto igual moción en el Senado de la República, pero el proyecto se estancó en la Cámara Baja.

La imagen de Nuestra Señora de Altagracia tuvo el privilegio especial de haber sido coronada dos veces; el 15 de agosto de 1922, en el pontificado de Pío Xl y por el Papa Juan Pablo II, quien durante su visita a la isla de Santo Domingo, el 25 de enero de 1979, coronó personalmente a la imagen con una diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a la virgen, primera evangelizadora de las Américas.

La advocación a María virgen, la llena de gracia, la favorecida y amada de Dios, la que está poseída por el Espíritu Santo, la derramadora de dones espirituales, fue y es la que más caló en el corazón de los dominicanos.

Por causa de esta advocación se formó un pueblo y luego una República. Los colores del sagrado lienzo son los mismos de la bandera dominicana. El día 16 de julio de 1838, lunes, día del Triunfo de la Santa Cruz y del movimiento revolucionario redentor de todos los dominicanos le fue puesto a Duarte en el pecho, por su madre Manuela Diez y Jiménez, “un mullido y pintado detente, no con la imagen de Jesús, sinó con la de la virgen María en su advocación altagraciana, trajeada aquella con los colores que iban a ser los dominicanos”. (55).

Ing. Francisco Guerrero Castro
email fco.guerrero@codetel.net.do
Catedratico, escritor e historiador
Secretario de la Academia Altagraciana

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Por Ing. Francisco Guerrero Castro


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