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Viajar a la ciudad de Iquitos es una aventura sin parangón, su naturaleza es un
manto verde que te envuelve una y otra vez hasta cautivarte, soy un afortunado
más que navegó en las turbulentas aguas del río más caudaloso del mundo, El
Amazonas. Serpenteante río que dibuja desde lo alto todo su recorrido dejando
maravillado a todo mortal que lo visita. Este es el relato de un viaje que
realice a principios de año y que espero volver a repetir prontamente.
Para llegar a la calurosa Iquitos existen solo dos formas, vía fluvial y aérea,
el viaje definitivamente más osado y aventurero es el primero, el cual es por la
ruta Lima-Tarapoto-Yurimaguas, desde este último punto uno se embarca en una
enorme lancha hasta Iquitos, son tres días de éxtasis natural, que se los
aseguro intentaré realizar. También se puede llegar desde la ciudad de Pucallpa,
vía Contamana y de allí en Lancha, por seis días. Ambos viajes demandan por
sobre todo tiempo, ya que desde Lima toma de seis a siete días llegar a la
capital loretana, empero es un esfuerzo que se los aseguro no se arrepentirán de
realizar. En mi caso tomé el avión un lunes a las seis de la mañana y en solo
una hora y cuarenta minutos ya respiraba aire tropical.
Desde lo alto, se puede apreciar claramente los diferentes ríos que circundan la
ciudad, una pequeña isla en medio de la selva, los bosques amazónicos en todo su
esplendor reflejan la luz de un sol temeroso que se asoma, un panorama silvestre
pocas veces visto.
El termómetro marcaba veintiocho grados, el calor aun no se sentía con fuerza
pero ya tenía entendido que por estos meses la temperatura puede llegar
fácilmente a los treinta y ocho grados, mínimo detalle si se esta acostumbrado a
la selva peruana.
En este paraíso tropical como en toda la selva el principal medio de transporte
son las motos, y en el caso del servicio público los famosos mototaxis o también
llamados motocarros, el costo de tan refrescante paseo es de un sol por todo el
centro de la ciudad y cincuenta céntimos más por las afueras, ahora, tenga
cuidado si desea contratar a estos hábiles chóferes ya que en muchos casos suben
sus precios si tiene pinta de extranjero.
Iquitos es la capital de la región Loreto, provincia de Maynas. En la ciudad hay
buena infraestructura hotelera, existen de todo precio y categoría, para este
fotógrafo silvestre un buen hospedaje le costó treinta soles por noche, con
todas sus comodidades y muy cerca del centro, requisito básico si desea estar
cerca de todo y de todos. Rápidamente me di cuenta que el auge turístico por
estos meses es bajo, por las constantes lluvias que azotan esta parte del país,
la temporada recomendada para visitar la selva peruana son desde Mayo hasta
Noviembre, y en especial el mes de junio, en la celebración de la fiesta de San
Juan.
Con el transcurrir de las horas el calor tenaz se empieza a sentir, botella con
agua en mano empiezo a establecer mi recorrido con un guía amigo, el cual me
aconseja realizar un city tour. Me es importante señalar que este personaje al
cual llamo guía, no es mas que uno de los tantos jóvenes que deambulan por la
plaza de armas y el malecón ofreciendo servicios de guiado, son amables y
señalan que en su ciudad no existe la viveza, es decir no roban a los turistas,
ya que ellos mismos venderían una mala imagen de su ciudad y de esta forma
alejarían al turista; razones no les faltan porque pude comprobar plácidamente
como fui tratado por estas personas. Empero no esta demás tomar sus
precauciones.
No soy amigo de los tours convencionales, así es que hicimos todo lo contrario a
lo establecido por la agencias de turismo, empezamos por visitar el mercado
Belén, principal abastecedor de productos de primera necesidad en la ciudad.
Después de comer un rico Juane con gallina en el puesto de una amable señora,
que nos vendió tan magistral platillo a cuatro soles, optamos por conocer la mal
llamada Venecia peruana, no se quien le puso este apelativo tan irónico, pero la
cuestión es que el Barrio de Belén, es la otra cara de esa selva mágica, es la
careta de un pueblo pobre que cada día ve como llegan los aviones llenos de
gente que ignora o quiere ignorar su realidad, una situación caótica que debe
parar, por el bien de nuestros hermanos olvidados por sus autoridades. El barrio
de Belén ubicado al margen izquierdo del río Itaya, esta formado por casas
construidas con madera Topa, que flotan al nivel del agua, en tiempos de crecida
del río los niños chapotean en sus aguas, las mismas que sirven de consumo y uso
diario en sus principales necesidades.
Adentrarse en sus calles es como navegar en un territorio raro, fuera de
contexto, la gente observa al foráneo, preguntándose tal vez el porqué de su
visita, el porqué de las cámaras fotográficas, sin saber que de bonito le ven a
su barrio que lo vio nacer. Me sorprendió ver como el segundo piso de una
escuela fiscal funcionaba como trampolín para que los niños salten a las aguas
turbias de su suburbio. Madres lavando ropa en sus aguas, jóvenes bañándose,
señores cargando agua, botes llevando gente, recios muchachos trabajando, y uno
que otro bar abierto veía pasar en mi recorrido, no pude percibir un clima
amable, pero tampoco hostil; el dueño del peque peque que alquilamos nos invita
a conocer la victoria regia, una planta flotante que es el principal atractivo
de los lugareños.
El sol implacable nos obliga a hacer una parada en una tienda flotante, muy
particular, donde nos atienden gratamente y nos venden una gaseosa helada al
mismo precio que en las tiendas de la ciudad, la mima señora que nos atiende
comenta: El gobierno no nos ayuda, estamos mal, nos urge el agua potable.
Pensando que éramos periodistas. Los postes de alumbrado publico forman parte de
este paisaje acuático, que me hace pensar en como es que nadie se electrocuta
por estos lares, mas bien hay ahogados, me responde Jhony el amigo guía,
indicándome que eso sucede con frecuencia. Un restaurante flotante pasa por
nuestro lado, vemos un grifo, una posta, una capilla, hasta una casa construida
con material noble, de algún comerciante. Los bares son un tema aparte, la
música cumbia que se escucha a lo lejos invita al visitante a entrar, mujeres
por sus ventanas salen a mirar, y en eso escucho una triste realidad: Las tías
prostis aquí cobran cinco soles, pero son solo para esos cargadores, no pasa
nada. Y lo hacen en el bote.
Es verdad la prostitución se da lugar acá también, pero solo por las noches,
encienden un foco como señal que el servicio esta disponible, y se pasean en sus
botes esperando a algún cliente. Hay mucho más historias que contar en Belén,
pero en realidad lo que pude sentir en la gente es que ellos no quieren versede
esa manera, son gente pobre y honrada que solo busca la circunstancia de salir
adelante, solo esperan una nueva oportunidad, para lograrlo, les recomiendo que
no visiten Belén como un punto turístico más, háganlo como un destino al cual
tenemos que ayudar, si pueden lleven ropa o alimentos, dénselos a las familias
necesitadas que hay, por mi parte muestro en imágenes esta cruda realidad que
espero cambie en algo la conciencia de quien las observe.
A 183 km. al suroeste de Iquitos se puede llegar a la Reserva Nacional Pacaya
Samiria, la ruta más corta es Iquitos-Nauta por carretera y por vía fluvial
desde Nauta hasta la comunidad 20 de febrero(quince horas en bote), para acceder
a la reserva se solicita permiso al INRENA y se paga los derechos
correspondientes. Esta inmensa reserva posee dos millones ochenta mil hectáreas
y es una de las más grandes del país y de Sudamérica. Usted puede realizar esta
aventura desde la ciudad, hay varias agencias de viaje que lo orientarán, empero
si es más intrépido siga la ruta establecida líneas arriba pero siempre
acompañado de algún guía amigo que conozca la zona.
Los Iquitos fueron antiguos pobladores de la región, al igual que los Cocama,
Huitoto y los Boras, posteriormente misioneros Jesuitas fundaron la ciudad.

Existen registros de la época de oro de la región, la cual fue a finales del
siglo diecinueve, con la explotación del caucho, los grandes barones
construyeron sus casonas las cuales perduran hasta ahora, y constituyen parte
del recorrido turístico de la ciudad, como grandes legados arquitectónicos.
Dentro de los cuales puedo mencionar: Museo Amazónico, Museo Municipal de
Ciencias Naturales, El ex Hotel Palace, El Malecón Tarapacá o Boulevard y la
Casa de Hierro. Mención aparte me merece el gran Malecón, que sin dudas es el
punto más emblemático de la ciudad y de obligada parada de todo visitante, claro
está de los Iquiteños, que no dudan en recorrer sus veredas deleitándose con su
bello panorama.
En las pocas cuadras que posee, existen bares, cafés, restaurantes, está también
el Museo Amazónico y la Biblioteca Amazónica, en la parte baja hay un
establecimiento donde se venden artesanías, su nombre es el Anaconda, donde
puede encontrar desde llaveros a un sol hasta Remos muy bien decorados a ciento
cincuenta soles, polos, máscaras, collares, pulseras, pipas, faldas, todo un
arte diseñado para el buen gusto de la gente. También se venden licores, pero
aquí si hago una excepción, si desea sentir el poder de las frutas maceradas en
aguardiente tiene que visitar el mercado Belén, en aquel lugar encontrará lo que
busca. Todo un variopinto menú de licores típicos de la región. A los lejos se
puede divisar el gran Amazonas, imponente de turbias aguas.
La laguna de Quistococha es un atractivo turístico recomendable, ya que en sus
aguas calidas pueden refrescarse del intenso calor y claro jugar un poco es su
arena blanca, ahora si desea conocer algunos animales de la zona, existe también
un mini zoológico.
Mi amor por la libertad silvestre y el hábitat natural me limito solo a visitar
la Tunchi playa y darme un paseo en los botes que merodean la laguna. De la
ciudad hasta este punto toma quince minutos en auto.
Cada día que pasaba se me hacia más interesante, por las noches una caminata por
el Malecón era una tarea que empezaba a gustarme, la luz de una luna llena
iluminaba como nunca aquellas cuadras coloridas y llenas de gente, cuando de
pronto un sonido musical conocido para mis oídos me llama la atención. Era un
grupo improvisado de músicos, que hacían deleitar a la muchedumbre con ritmos
alegres y contagiosos. Sin embargo la que se llevo el aplauso del respetable fue
sin dudas la bailarina que dejaba caer sobre su boca a una Mantona, serpiente
habitual por estos lares, con destreza y desenfado esta menuda mujer de unos
veinte años aproximadamente danzaba el baile de la culebra. Fue sensacional ver
esta puesta en escena, la gente le arrojaba monedas por el espectáculo brindado,
mientras uno de los músicos incitaba a los mirones a que colaboren, obviamente
para algunos gringos que pasaban por allí les pareció impresionante y soltaban
algunos dólares de sus carteras.
Muy temprano por la mañana visite el embarcadero de Nanay, desde este punto
salen botes hacia el pueblo nativo de San Andrés de los Boras y caseríos
aledaños como Padre Cocha. Este puerto es bien comercial, en la entrada del
mismo hay un mercado en el cual puede conseguir de todo para comer, a la vista
salta la carachama frita, los Juanes, Tamales de gallina, sudado de pescado,
refrescos de aguaje, cocona, cebada, y los coloridos pijuayos. Hay restaurantes
y bares, la cerveza San Juan es la más consumida por los pobladores, de sabor
ligero pero refrescante esta bebida se expende a cuatro por diez soles, también
está la Iquiteña, la cerveza regional. El costo del paseo hacia la comunidad de
los Boras depende del trato que realice con el dueño del bote, pero va desde los
veinte soles hasta los treinta, dependiendo de la cantidad de personas que
viajen. En esta oportunidad viaje solo con el guía en un pequeño bote, quien me
comenta que debo pagar veinte soles más al jefe de la !
comunidad por la visita y si es que deseo verlos bailar serian treinta soles,
todo un gran negocio a simple vista. Los nativos de esta zona son personas
amables y muestran su cultura y tradiciones a todo aquel que lo visita. Al
conversar con el Curaca de la comunidad, Liborio Maynas, me alega que ellos
tienen que pagar diez soles o más a los dueños de los botes que llevan gente a
su comunidad, dependiendo de la cantidad de personas y también si son nacionales
o extranjeros, hace algunos años esto no sucedía, pero a raíz de la gran
afluencia de turistas se empezó a cobrar por la entrada, y el show que ofrecen.
En esta Maloca se puede comprar artesanías y tomarse fotos, ahora si desea saber
como viven en realidad Los Boras, puede convenir con el Curaca, una visita a San
Andres, pueblo a una hora de camino desde este punto, visita la cual realizare a
fines de este año.
El paisaje en bote sobre el río Nanay es una aventura sublime la cual guardo en
mi memoria gratamente, pude comprobar in situ la belleza de la selva de los
espejos, el reflejo del cielo azul y de los árboles en el agua es una postal
maravillosa. Todos estos días de plenitud y los momentos de paz que viví en esta
selva indómita seguro formaran parte de muchas historias las cuales iré contando
a muchos personajes a quienes invitare a visitar esta ciudad, no cabe duda que
la selva tiene su magia, la cual te envuelve y no deja de cautivarte. Gracias a
Dios me llevo un gran tesoro entre mis manos, cientos de fotografías que con el
paso del tiempo amare mucho más.
Por: Eduardo Villarreal Aliaga
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Por Eduardo Villarreal AliagaDiarioViajero.com es la primera comunidad creada para todos los viajeros, a fin de que puedan compartir y publicar sus diarios de viajes, relatos de viajes, experiencias de viajes, encontrar información útil y valiosa así como poder conocer los diferentes destinos para viajar en el mundo.