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Un Paraíso llamado Celendín
Por Bohemio|
CELENDIN Y SU VIRGEN DEL CARMEN Prepararse para un viaje es todo un acontecimiento, empacar maletas, elaborar una agenda viajera; alistar cámaras fotográficas, de video, comprar rollos; chequear que las carpas y bolsas de dormir estén en perfecto estado, ahorrar dinero. Es decir emprender un viaje se transforma en un laberinto multicolor donde la entrada empieza cuando subes al bus rumbo a tu destino. Es jueves 23 de julio todo ha subido por las benditas fiestas patrias, los precios de los pasajes han aumentado pero no queda otra y para esto ya habíamos precavido un dinero extra. El terminal de Fiori, harto conocido por los limeños pero una incógnita para nuestros amigos del extranjero, es un paradero de buses informal donde reina la maña del más vivo es decir del mentiroso. Cinco de la tarde, los buses están por partir y aún estamos esperando una rebaja para subirnos. Finalmente 35 soles (10 dólares) fue lo que pagamos por viajar directo a Cajamarca. El viaje fue tranquilo.
Amanecer con el sol que te llena la cara y aquel olor a tierra húmeda es una señal clara que estamos en la sierra. Por esta temporada el clima en Cajamarca es soleado y seco, por eso recomendamos a todo viajero hacer espacio en su mochila para una gorra, gafas oscuras y protector solar. Arribamos a las 7 y 45 de la mañana, en la agenda estaba contemplado realizar un city tour empero los planes se vieron gratamente modificados. Un gran desfile cívico-militar hacia de la hermosa plaza de armas más pintoresca. Instituciones públicas y privadas desfilaban, colegiales y militares alzaban las piernas al ritmo de los tambores. En una ciudad como Cajamarca se entrelazan las costumbres de los citadinos y campesinos. Esto se puede apreciar claramente en las calles. Mujeres del campo con sombreros y polleras y jóvenes con piercings y peinados a la moda, todos a la expectativa del desfile. Degustar el frito o fritanguita, plato típico en Cajamarca, hecho en base a papas sancochadas y chicharrón de cerdo combinado con cebiche, es un deleite para su paladar. Un sol el platillo y las paisanas no vacilaran en darle más. El almuerzo un poco tarde estuvo acorde a la circunstancia, cuy frito y papas sancochadas. En el arte culinario mi madre se lleva el tenedor de oro. Un descanso merecido y nuevamente a la calle. Desde los Baños del Inca, distrito a 3 Km. de la ciudad al centro histórico toma un tiempo de quince minutos en auto, pero si ud. gusta de las caminatas y trekking le aseguramos que su paseo será maravilloso ya que la campiña cajamarquina es una de las más bellas en el Perú. En una ciudad moderna como esta, las noches esconden muchos enigmas. Sentarse en una banca de piedra y contemplar la noche estrellada es relajante, más aun si es que departe una buena charla con una bella cajamarquina de ojos verdes. Casaluna, es un café bar muy conocido y una buena opción si es que se quiere pasar una noche de juerga libando cervezas en compañía de lindas chicas. Esta vez el cuerpo cansado del viaje exige descanso y eso nos lleva de vuelta a casa. Es sábado 24, las fiestas patrias se aproximan, más gente se anima a viajar y
la ciudad se colma de turistas de todas partes. En esta oportunidad visitamos el
Cuarto del Rescate, donde el Inca Atahualpa ofreció oro y plata por su
liberación. Ahora es una habitación muy bien cuidada por cierto en la cual
resalta la piedra donde fue ejecutado supuestamente el Inca. El calor es
implacable, los labios del costeño acostumbrado a la humedad de Lima se están
partiendo, sin embargo, este es un consejo muy útil para todo viajero; cuento
con vaselina sin perfume para evitar la resequedad. Un taxi en la ciudad cuesta dos soles pero en las noches puede subir hasta
tres. Ahora la rumba y salsa se traslado al restaurante turístico De la selva su
encanto, un lugar exótico y muy acogedor donde se puede comer los mejores platos
selváticos y degustar los más afrodisíacos tragos.
Es domingo 25, en Celendín la fiesta está por comenzar y nosotros estamos
listos para emprender el viaje. Los contactos estaban ya establecidos, las
autoridades celendinas sabían de nuestra llegada, la expectativa estaba creada.
Ahora lo más emocionante esta por empezar. 8 y 45, la noche era fría, pero en el set el ambiente era cálido. La entrevista empezó. Las ideas fluían ávidamente, las preguntas muy atinadas y las respuestas a la altura de la situación. Presentamos nuestra propuesta y el pueblo cajamarquino se enteraba de lo que haríamos en Celendín. Aplausos, abrazos y felicidad. UN PARAISO LLAMADO CELENDIN Al día siguiente partimos temprano. Sabíamos que el precio de los pasajes
había aumentado. Lo normal es que un pasaje cueste 10 soles hasta Celendín, pero
esta vez nos cobraron 15. El trayecto es de 100 km. Y el tiempo que toma es de
cuatro horas en bus. Llegamos a nuestro destino a las dos de la tarde. La gente
en la combi (movilidad tradicional, semejante a las Vans) comentaba que esta vez
la fiesta sería especial ya que la plaza de toros se mudaría, literalmente
hablando, a Sevilla; barrio tradicional donde se tiene por costumbre realizar
tal evento taurino. El origen de este pueblo es enigmático, según la historia los primeros
pobladores de la zona, al igual que de toda la hoya del Marañón, como dice Julio
C. Tello, eran de origen Arawac. Es probable que esta cultura diera origen a la
palabra Chilindrín, derivada del fruto de la planta llamada chili o shil shil
que crece junto a las lagunas donde se asentaron varias tribus, una de las más
importantes fue Choctamalque, con su centro en La Chocta. El desarrollo turístico en Celendín esta creciendo a paso firme. Prueba de ello son los servicios que se ofrecen a los viajeros. Existen tiendas de artesanías (handicrafts), cabinas de Internet, a precios realmente cómodos, excelentes restaurantes típicos como La Reserve, buenas discotecas, salones de billar, y un gran mercado central, pero sobretodo buenos y acogedores hostales. El alojamiento no pudo ser mejor que el brindado por nuestro amigo Wilson, propietario del Hostal Loyer’s a pocos metros de la plaza.
Fernando, mi compañero de viaje ansiaba degustar el calientito, trago típico
del lugar elaborado de licor de caña macerado con maracuya (fruto dulce); con la
particularidad que se tiene que servir y tomar caliente. Un sol la botella y es
suficiente para neutralizar el penetrante frió nocturno. La cama nos llamó
temprano y nos levantó al amanecer, para presenciar el aurora, un auténtico
espectáculo en los andes peruanos. Como caballeros de la noche recorrimos las calles, esta vez la plaza lucía nuevos personajes, una pequeña feria se había instalado en los alrededores. Vendedores de golosinas estaban por todos lados. Nuevamente tres gigantes se levantaban para el gozo del respetable. Estos castillos serian de lo más especial. Era el día central, y la multitud colmaba las calles. En este tipo de fiestas patronales los amigos llegan fácilmente. En la bodega del campesino, popular bar conocimos a unos lugareños muy particulares, nos ofrecieron cervezas y aceptamos, brindamos y reímos. Sin embargo nuestros compañeros nos hicieron saber que para borracho y mujeriego el Celendino es el mejor. Ellos aseguraban eso y para muestra un botón, don Roberto neto shilico arguye tener siete mujeres y todas se quieren, pero el colorado solo tiene tres. Los trucos con botellas y palitos de fósforo animaban la velada. En este bar todo es felicidad y como dicen ellos hay una verdadera cultura etílica. Las fiestas continúan, es jueves 29 y la procesión de la virgen saldrá a
recorrer las principales calles, para esto los vecinos han adornado las casas
con improvisados altares y decorado las pistas con flores y alfombras. Un
espectáculo maravilloso. La fe se pone en manifiesto, mujeres, hombres y niños, todos a un solo paso acompañan a la virgen, los cohetes salen disparados. La gente realiza sus plegarias y anhela cambios positivos en sus vidas. Por la tarde después de la procesión, en la plaza se instala una banda musical anunciando el inicio de las corridas. Esta tradición es compartida por todo el pueblo, que año tras año construye la plaza de toro más grande y único en el mundo hecha en madera. Era la primera vez que observaba un ruedo de singulares características, de cinco pisos con palcos especiales para las instituciones públicas y privadas, o simplemente para las familias mas acomodadas. Este espectáculo es muy pintoresco, la gente se sienta en sus tabladillos, llevan sus frutas o comida y desde allí observan cómodamente su corrida, con los pies colgando. Así se sienten felices. Fueron cuatro tardes más de emoción taurina. Por las noches el patio de la Municipalidad albergaba a los mejores grupos musicales del momento. En esta oportunidad el repertorio musical es de lo mejor, sin lugar a dudas es una buena fiesta la vivida en Celendín. Para nosotros las celebraciones llegaron a su fin, retornaremos a Lima, a contar lo sucedido en un pueblo lejano de la capital que por estas fechas celebra su fiesta. Que siempre estará gustoso de recibirlo y cauto a la hora que alguno foráneo quiere llevarse a una linda Celendina de ojitos verdes y mirada tierna. |